Mix de entrenadores (II)

7/02/2010 10:13:00 a. m.


Aunque sólo sea por unas horas, los banquillos de la NBA le van a quitar por el momento el protagonismo al mercado de agentes libres. Y es que se ha resuelto por fin una de las principales incógnitas del verano. Desde que finalizara la temporada 2009-10, empezaron a sobrevolar las dudas sobre la continuidad de Phil Jackson como entrenador de los campeones Los Anges Lakers. Pues bien, después de un par de semanas de consultarlo con la almohada, el Señor de los Anillos ha decidido que se va a dar una última oportunidad para seguir engrandeciendo su leyenda y la del equipo angelino.

"Contad conmigo. Después de un par de semanas de deliberación, es hora de volver a aceptar el desafío de juntar un equipo que pueda defender su título en la temporada 2010-11. Será la última parada para mí, y espero que sea grandiosa". Con estas palabras, Jackson deja claro que la próxima temporada será la última para él, y pase lo que pase se retirará como el entrenador más laureado de la historia profesional de este deporte en Estados Unidos. Con once anillos a sus espaldas, más otros dos como jugador, Phil no ha querido retirarse "por la puerta de atrás", y de esta forma ofrece a los Lakers la posibilidad de preparar con tiempo la transición en su banquillo de cara al verano que viene. Tras este anuncio, lo normal sería que los californianos ofrecieran la renovación a su capitán Derek Fisher, para así mantener el bloque que les ha hecho campeones las dos últimas temporadas. Tan solo hará falta un par de retoques en los jugadores de complemento para que los Lakers 2010-11 estén preparados para el threepeat.

La noticia de la continuidad de Phil Jackson llega apenas al día siguiente de que Doc Rivers anunciara a su vez su regreso al banquillo de los Boston Celtics. También se había especulado con la posibilidad de que Rivers abandonara la nave céltica tras su derrota en las Finales, pero Doc ha optado por hacer otro (quien sabe si el último) intento de acometer la lucha por el Anillo en 2011. Tras varios días de descanso para estar con su familia y ver a su hijo Austin ganar el campeonato americano sub-18 con la selección de EE.UU., han sido precisamente sus más allegados los que le han animado a seguir como entrenador de los Celtics. Así pues, Rivers volverá a ser la cabeza visible de un proyecto que aún cuenta con las incógnitas sobre el futuro de Ray Allen y Paul Pierce y que deberá mantenerse activo durante todo el verano.

Y para acabar, otro culebrón que llega a su fin es el del nuevo inquilino del banquillo de los Cleveland Cavaliers. Curiosamente, daba la impresión de que el destino de Cleveland y de Lakers dependía de la decisión de Phil Jackson, ya que los candidatos posibles en uno u otro banquillo estaban relacionados entre sí. Recordemos que los Cavs recibieron la negativa de Tom Izzo para entrenar al equipo, y que a principios de esta semana estaban muy cerca de cerrar el fichaje de Brian Shaw, asistente de Jackson en los Lakers. Es algo que quizá nunca sepamos con certeza, pero el caso es que un día antes del anuncio de que Phil Jackson seguirá en Los Angeles, los acontecimientos se precipitaron repentinamente. Shaw rompió las negociaciones con Cleveland, y los Cavs anunciaron que su nuevo entrenador será Byron Scott, un hombre que había sonado como más que posible sustituto de Jackson en L.A. Casualidad o no, el caso es que Scott firmará para las próximas tres temporadas, y su principal objetivo (como no) será el de intentar convencer a LeBron James para que continúe en Cleveland, algo que hoy por hoy parece bastante complicado.




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Incógnitas tras la Final: Los Angeles Lakers

6/19/2010 08:08:00 p. m.
(Foto: Christian Petersen/NBAE via Getty Images)


Hemos asistido a una de las finales más apasionantes de los últimos años. Una serie por el título entre Lakers y Celtics siempre tiene un sabor especial, pero la de esta temporada ha sido especialmente emotiva, disputada y, por momentos, heroica. Los angelinos se alzaron con la victoria sufriendo hasta el final del séptimo partido ante unos Celtics que se presentaron con la piel de cordero, pero que acabaron demostrando que son, tal vez, el equipo con más orgullo de toda la NBA.

En estos dos días ya se han hecho todas las crónicas habidas y por haber, y queda poco que añadir a los análisis que se han hecho de las Finales, centrados en los aspectos más importantes pero también en los secundarios, en las intrahistorias que hacen de un acontecimiento como éste lo que en EE.UU. llaman un instant classic.

Es momento, por tanto, más que de mirar hacia atrás analizando lo que unos y otros han conseguido, de intentar adivinar lo que depara el futuro más cercano de las dos franquicias más representativas de la NBA. Un futuro que presenta bastantes incógnitas teniendo en cuenta que son dos equipos que han llegado a lo máximo a lo que se puede aspirar en este deporte, pero que aún así tienen algunas dudas que no convendría pasar por alto.

Los Lakers consiguieron el pasado jueves el 16º título de su historia (11º en Los Angeles, a los que hay que sumar los cinco Anillos conseguidos cuando el equipo estaba en Minneapolis), y de este modo se sitúan a sólo uno de los 17 que poseen los Celtics. La lucha por ser el equipo más laureado de la historia está más cerrada que nunca, y es muy posible que la dualidad que hemos visto en las últimas temporadas se mantenga algunos años más.

El propietario de los Lakers, el doctor Jerry Buss, es ya un hombre anciano. A sus 76 años, ha manifestado que no piensa retirarse hasta ver como su equipo supera en títulos a su eterno rival. Para ello, los Lakers deberán ganar al menos un par de Anillos más. Si miramos su plantilla, se diría que tiene mimbres para conseguir la hazaña. Veamos como está la situación en la actualidad:

-Kobe Bryant y Pau Gasol, los dos auténticos líderes de este equipo, tienen contrato garantizado hasta el año 2014. Por tanto, es de suponer que ambos jugadores finalizarán su carrera con el equipo californiano, puesto que cuando expiren esos contratos tendrán 36 y 34 años respectivamente. Sólo un traspaso (algo altamente improbable) impediría que Kobe y Pau cumplieran su compromiso con los Lakers.

-Andrew Bynum, si las lesiones le respetan, debería ser el pívot sobre el que se construyera el futuro de la franquicia. A sus 22 años ha demostrado su calidad, y será un All-Star habitual a poco que sus rodillas dejen de darle problemas. Su millonaria vinculación con los Lakers se prolonga hasta 2012, y para la temporada 2012-13 el equipo tiene una team option por valor de 16.5 millones, que ataría al center una temporada más.

-Lamar Odom y Ron Artest son los principales actores de reparto de este equipo, jugadores que asumen mucha importancia en momentos decisivos y cuya presencia en la plantilla tiene un valor incalculable, como vimos con la destacada actuación de Artest en el séptimo partido de las finales. Odom firmó este pasado verano una ampliación de su contrato hasta 2012, con una team option de 8.2 millones para la campaña 2012-13. Por su parte, Artest está comprometido hasta 2014, pero tiene una posibilidad (player option) de salir al mercado en el verano de 2012. Parece complicado que RonRon opte por abandonar el equipo que le ha dado la gloria y en el que ha callado muchas bocas que hablaban de lo desacertado de su fichaje por los Lakers. Aunque claro, resulta totalmente aventurado predecir nada que esté relacionado con un tipo como Artest.

-Otros jugadores que tienen contrato garantizado para la temporada que viene son Sasha Vujacic y Luke Walton. El esloveno -que podrá decir a sus nietos que metió los últimos puntos de una Final contra los Celtics- tiene un año más de contrato por 5.5 millones, después del cual será agente libre sin restricciones. Walton tiene su futuro mucho más claro, con contrato asegurado hasta 2013.

-Después tenemos otro grupo de jugadores con una situación particular en su vinculación con los angelinos. Tanto Adam Morrison como Jordan Farmar serán este verano agentes libres con restricciones y estarán sujetos a una qualifying offer (6.9 millones para Morrison, 2.9 para Farmar), lo que significa que esa será la cantidad "de tanteo" que deberá superar el equipo que quiera contratarlos. Por otro lado, Shannon Brown tiene una player option de 2.2 millones, que suponemos que ejercerá para seguir una temporada más en el equipo de Los Angeles.

-Y finalmente, hay tres jugadores en la plantilla que no tienen contrato a partir del próximo día 1 de julio. Dos de ellos tienen un papel residual en el equipo, como son DJ Mbenga y Josh Powell, que deberán esperar una oferta de renovación por parte de los Lakers o buscarse las habichuelas en otro equipo. Por tanto, el principal asunto que deberán tratar Buss y el GM Mitch Kupchak es saber qué ocurre con el futuro de su capitán: Derek Fisher. A punto de cumplir los 36 años, con cinco Anillos a sus espaldas y siendo el jugador más respetado del vestuario, Fisher ha vuelto a dejar patente su importancia capital en los Lakers. No destaca especialmente en la temporada regular, pero cuando llegan los Playoffs el capitán siempre da un paso adelante. Lo vimos en el tercer partido de la Final, que ganó prácticamente solo. Y lo hemos visto a lo largo de toda la serie, con canastas decisivas y una excepcional defensa sobre Ray Allen, además de su capacidad de liderazgo y de su veteranía. Los Lakers llevan años buscando un base de garantías para sustituirle, pero hoy por hoy sigue pareciendo que no hay ningún jugador en la NBA que pueda asumir ese rol que no sea el propio Derek Fisher. El jugador quiere seguir, y la oficina técnica de los Lakers tendrá que hacer un esfuerzo para renovarle al menos una temporada más.

Así pues, esta es la situación de la plantilla angelina de cara a las próximas temporadas, esas en las que se pretende superar a Boston en número de títulos. Salvo algún retoque puntual, no se esperan incorporaciones de renombre, por lo que el bloque que afronte la lucha por el threepeat será el mismo que ha alcanzado la gloria en los dos últimos años. Sin embargo, todo este castillo empezará a temblar si le falta la pieza más importante, la que sujeta todos los cimientos de este equipo campeón: Phil Jackson.

Jackson ha conseguido esta temporada superar todos los récords posibles en cuanto a títulos se refiere. Es el entrenador con más campeonatos (11) de todos los deportes profesionales americanos, e incluso ha superado los 10 títulos que el recientemente fallecido John Wooden consiguiera con la universidad de UCLA. Phil lo ha ganado todo en la NBA, y también ha amasado muchísimo dinero. Por eso, su decisión de seguir o no seguir en los Lakers es más complicada que nunca. En los parlamentos posteriores a la consecución del título el pasado jueves, Jackson dijo que "necesitaba tomarse un respiro y pensar bien en todo esto". Es decir, que el entrenador no lo tiene claro. El tema económico es otro handicap, puesto que el salario de Jackson (12 millones por temporada, el coach mejor pagado de la Liga), en un equipo que supera con creces el salary cap, puede ser un lastre en estos tiempos de apretarse el cinturón. Jerry Buss está sobrado de dinero, y los Lakers no son un equipo deficitario, pero es una situación que no puede alargarse por muchos años.

Por el momento, el Maestro Zen se retirará unos días a su Montana natal, para descansar en las montañas y desconectar de la vorágine californiana, además de aprovechar para hacerse un chequeo médico necesario por sus problemas de salud. Dentro de una semana anunciará si continúa o no al frente de los Lakers, una decisión que puede dar un vuelco al futuro de la franquicia. ¿Qué pasará si Jackson no sigue?. En principio, no habría problemas para encontrar entrenador. Suena su asistente Brian Shaw, o un histórico de la franquicia como Byron Scott (al que se relaciona con los Cavaliers pero que está sin duda esperando a ver si puede aspirar a su ansiado banquillo amarillo), pero no hay dudas de que la marcha de Jackson sería un trauma para la plantilla, que lo tiene como un mentor y como la principal causa del éxito de este equipo. En pocos días saldremos de dudas.






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El banquillo da una vida extra a los Celtics

6/11/2010 12:21:00 p. m.
(Foto: Ronald Martinez/NBAE via Getty Images)


BOSTON CELTICS 96 - 89 LOS ANGELES LAKERS


Qué difícil va a ser este año otorgar el premio de MVP de las Finales. Es complicado recordar en las últimas temporadas unas series finales con un protagonismo tan coral como las que estamos presenciando, en las que en cada partido sale a la palestra un protagonista -más o menos esperado- que acapara toda la atención. Anoche fue el turno de los suplentes de Boston, que hasta ahora habían cumplido bien su papel pero sin avasallar a sus homólogos de L.A., criticados por todo el mundo como uno de los peores banquillos de toda la NBA.

Era un partido vital el de anoche. Después de la victoria angelina en el tercer partido, un triunfo de los Celtics se antojaba imprescindible para que la serie tuviera emoción y no estuviera prácticamente decantada. Con ese espíritu salieron los locales, de la mano de un Paul Pierce al que se le reclamaba más protagonismo después de estar casi desaparecido en los tres primeros partidos. El capitán verde tiró de repertorio a pesar de la asfixiante defensa de Ron Artest, y sus diez puntos en el cuarto inicial (acabó con 19 puntos y 6 rebotes) fueron lo más destacado de un encuentro que comenzó a un ritmo vertiginoso a pesar de lo corto del marcador. Esta vez los árbitrios estuvieron más comedidos de lo habitual, y ningún jugador importante (excepto Derek Fisher) tuvo que visitar el banquillo prematuramente con problemas de faltas.

La réplica angelina en ese primer cuarto la dio Pau Gasol (21 puntos y 6 rebotes). El pívot de Sant Boi entró en calor con dos tiros de media distancia, y su importancia volvió a ser capital en el juego de Los Angeles. Mucho más después de los problemas físicos de Andrew Bynum, que sólo pudo jugar 12 minutos con molestias en su rodilla. Su ausencia fue clave en la segunda mitad, y veremos hasta qué punto condiciona en el resto de eliminatoria. 

El primer atisbo de brillo de los suplentes célticos fue un triple de Nate Robinson que cerraba el parcial del primer cuarto con 19-16 a favor de los locales. El segundo periodo empezó con un bonito intercambio de canastas entre los secundarios de ambos equipos. Robinson (12 puntos) clavaba otro triple, y Glen Davis empezaba su recital con un 2+1 marca de la casa. En los Lakers respondían Jordan Farmar con otro lanzamiento de tres y Shannon Brown con otra canasta más adicional. Ambos equipos parecían copiarse el uno al otro. La tónica de igualdad se mantuvo hasta que apareció Kobe Bryant con ocho puntos consecutivos para dar a los Lakers un colchón de +7 que parecía un mundo dado el equilibrio dominante. En ese punto, Boston parecía algo perdido, pero un contragolpe culminado por Rajon Rondo (anoche discreto en el tiro -5 de 15- para 10 puntos) y un buzzer beater "psicológico" de Kevin Garnett (13 puntos y 6 rebotes) sobre la bocina del segundo cuarto volvieron a dar vida a unos Celtics que sin hacer demasiado se marchaban al descanso perdiendo sólo por tres puntos (42-45).

Después del descanso se confirmaban los peores presagios en Los Angeles. Bynum empezó la segunda mitad siendo tratado de la rodilla en el vestuario, y su puesto lo ocupó un Lamar Odom (10 puntos y 7 rebotes) desaparecido en ataque y especialmente en defensa. Aún así, a los Lakers se les veía jugar con la tranquilidad que otorga saber de su ventaja en la serie y de su calidad en los momentos apretados. Todo lo contrario que Boston, que pecaba de precipitación y de ansiedad en demasiadas ocasiones. Kobe seguía intratable desde más allá del arco (6 de 11 en triples para 33 puntos y 6 rebotes), y Fisher se inventaba un par de canastas al estilo de las del pasado martes. En los Celtics, sólo Kendrick Perkins parecía no estar haciendo la siesta, y sus canastas en la pintura mantuvieron el partido igualado. Garnett apareció en el final del cuarto ante la testimonial defensa de Odom, y convirtió un par de tiros decisivos para que el encuentro se marchara casi en tablas al último cuarto (60-62).

Y ese último periodo fue propiedad de los role players de los Celtics. Doc Rivers arriesgó con un quinteto en el que a Ray Allen (otra vez negado desde el triple -0 de 4-, acabó con 12 puntos) le acompañaban Nate Robinson, Glen Davis, Tony Allen y Rasheed Wallace, todos ellos contra el quinteto de lujo de los Lakers. En los visitantes Gasol empezaba a acusar el cansancio por los minutos acumulados, a Kobe se le empezaban a quedar cortos los triples y Odom y Artest continuaban su particular calvario en ataque. Sin embargo, Boston encontró en sus suplentes ese puntito extra que otorga salirse de un guión encorsetado y sacar provecho de la anarquía. A Nate Robinson se le puede achacar el no saber jugar los sistemas de ataque, pero es innegable su descaro y su tesón por jugársela siempre. Anoche, haciendo la guerra por su cuenta, sacó de sus casillas a los Lakers y encendió al público. Por su parte, Tony Allen se dejó la piel para que Kobe no recibiera en buenas condiciones, y Rasheed aportó su granito de arena con una gran defensa sobre Gasol y un triple frontal que ponía tierra de por medio en el electrónico. Pero si hay que destacar a alguien anoche, sin duda es a Glen Davis. Big Baby anotó 9 de sus 18 puntos en el periodo final, siendo el jugador más decisivo. Resultaba épico contemplar como peleaba cada rebote en ataque, como se fajaba en cada contacto y como sacaba a relucir su calidad para conseguir canastas que parecían imposibles. Su jugada de canasta y tiro adicional para culminar una contra fue el momento álgido de este jugador cuya importancia crece a pasos agigantados. Después de esa acción, su gesto de rabia -incluso echando literalmente espuma por la boca- ejemplifica a la perfección la personalidad de los Orgullosos Verdes: un equipo que nunca se rinde.

Así pues, Boston mantuvo a cuatro suplentes en pista hasta los dos minutos finales de partido. Para entonces, su ventaja rondaba la decena de puntos, y los Lakers parecían no tener respuesta. Rivers sacó de nuevo a Garnett, Rondo y Pierce, y este último se dedicó a poner la puntilla -con una canasta y los tiros libres que cerraban el marcador- a un encuentro que vuelve a dejar la eliminatoria igualada. Este 2-2 es el guión soñado por todos, una serie equilibrada que nos asegura al menos otro partido en Los Angeles. El domingo, los Celtics se despiden del TD Banknorth Garden por esta temporada, y seguro que su público rugirá más que nunca para que Boston se vaya a California con ventaja en la eliminatoria. Será un partido que no nos podremos perder.




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Celtics-Lakers: una rivalidad histórica (III)

6/03/2010 01:31:00 p. m.

 Por extraño que pueda parecer, los dos equipos más laureados de la historia de la NBA, y los dos equipos más representativos de la mejor liga de baloncesto del planeta, tardaron más de dos décadas en disputar una Final después de aquella cita de 1987. Mucho cambiaron las cosas en esos veinte años, en dos franquicias que pasaron su particular calvario (uno más largo que el otro) antes de retornar al lugar que les corresponde por derecho propio.

Empezaremos hablando de los Lakers. Después de imponerse en la Final de 1987 a los Celtics, el equipo dirigido por Pat Riley consiguió el repeat un año después, esta vez ante los Detroit Pistons. Los Bad Boys se tomaron su particular venganza en 1989, y el último año de gloria angelina llegaría en 1991, cuando volvieron a alcanzar las series finales, cayendo derrotados ante Michael Jordan y unos Chicago Bulls que inauguraban su propia dinastía. Después de esa temporada, Magic Johnson anunció su retirada de las canchas tras haber contraído el virus del SIDA, y los Lakers perdieron su principal referencia y su seña de identidad más importante.

Sin Magic, los años 90 fueron una década dura para los Californianos, que atravesaron unos largos años de sequía lejos de la lucha por el título. Muchos entrenadores pasaron por su banquillo intentando reflotar el rumbo de una nave que viajaba a la deriva. Pero no fue hasta la llegada del Maestro Zen cuando los Lakers volvieron a encontrar el camino de la victoria.

Phil Jackson se había ganado a pulso el adjetivo de "mejor entrenador del mundo" después de conducir a los Bulls a seis Anillos en los años 90. La retirada de Jordan en 1998, junto con la amenaza de una huelga de jugadores -finalmente consumada en el lockout de la temporada 1998-99-, hizo que Jackson también decidiera descansar, y disfrutar de los éxitos cosechados. Tras una temporada de parón, recibió la llamada de unos Lakers necesitados de alegrías, y aceptó el reto de devolver a los angelinos las glorias del pasado. Y vaya si lo consiguió, ganando tres Anillos (2000, 2001 y 2002) en sus tres primeras temporadas en el equipo. Los Lakers, con Shaquille O'Neal como principal estrella y Kobe Bryant entonces como escudero de lujo, volvieron a forjar una nueva dinastía, en forma de tres nuevos títulos y otra Final en 2004, que perdieron ante los Detroit Pistons. Los Angeles volvía a estar en el mapa de la élite de la NBA.

En cuanto a Boston, su via crucis duró bastante más, y fue todavía más duro. Como pasó en su principal enemigo, la retirada de su principal estrella fue el punto de inicio de una época de vacas flacas, prolongada mucho más de lo esperado. Los problemas físicos en la espalda hicieron que Larry Bird se retirara en 1992, acabando así la época dorada de los Celtics de los 80. Los años siguientes fueron muy complicados, con campañas de incluso menos de 20 victorias en temporada regular. Boston pasó de ser el referente de la Conferencia Este a estar un año sí y otro también en la draft lottery. Exceptuando el paréntesis de la temporada 2001-02 (en la que alcanzaron la final del Este contra los New Jersey Nets), los quince años posteriores a la retirada de Larry Bird fueron una travesía por el desierto. Y por si fuera poco, tuvieron que ver como su eterno rival recuperaba antes que ellos su puesto privilegiado como aspirante a todo en la NBA.


-Gasol y el Big Three

Dos circunstancias especiales confluyeron en que finalmente se consumara una reedición de las Finales entre Celtics y Lakers en la temporada 2007-08, y las dos están relacionadas con movimientos inteligentes en el mercado de fichajes.

Los Celtics llevaban desde 2003 sin superar una ronda de postemporada, y dos años sin ni siquiera meterse en Playoffs. La temporada anterior, Boston se había quedado en unas paupérrimas 24 victorias, algo que habría hecho predecible la destitución del entrenador Doc Rivers, que en tres campañas sólo había sido capaz de meter al equipo una vez entre los ocho primeros. Sin embargo, se optó por la paciencia y la tranquilidad, y el GM Danny Ainge (un histórico Celtic de los 80) decidió mantener a Rivers en el puesto y además tirar la casa por la ventana en busca de jugadores que revirtieran de una vez por todas el rumbo de la franquicia. La alta elección en el Draft (número 5), Jeff Green, se envió vía traspaso junto a Delonte West y Wally Szczerbiak a los Seattle Supersonics a cambio de Ray Allen y Glen Davis, recién escogido por los Sonics en el Draft. Allen era entonces un All-Star en Seattle de más de 25 puntos por partido, un tirador exterior que los verdes necesitaban como el comer.

Y la guinda del pastel llegó poco después. El 31 de julio de 2007, Boston traspasa a Al Jefferson, Ryan Gomes, Sebastian Telfair, Gerald Green, Theo Ratliff y dos elecciones en primera ronda de 2009 a los Minnesota Timberwolves a cambio de Kevin Garnett. Es decir, desmantela su plantilla para adquirir a uno de los mejores power forwards de la historia, MVP en 2004 y All-Star perenne. De ese modo, Allen y Garnett se unen al capitán del equipo Paul Pierce para formar un trío de ensueño, un Big Three con el que acometer el regreso a lo más alto. 

Los resultados no se hicieron esperar. Los Celtics se hicieron con el mejor record de la Regular Season (66-16), más de 40 victorias por encima de la temporada anterior. Garnett fue elegido Mejor Defensor y por fin Boston llegaba a unos Playoffs como gran favorito. A pesar de todo, los Celtics tuvieron que sufrir para llegar a la Final, necesitando de siete partidos en primera ronda contra los Atlanta Hawks y en semifinales contra los Cleveland Cavaliers. Después, en una serie de claro sabor defensivo, se impusieron por 4-2 a los Detroit Pistons, para alcanzar la gran final de la NBA después de 21 años.

Los Lakers también tuvieron su punto de inflexión en esa temporada, pero fue ya iniciada la campaña. Después del fiasco de 2004 -en el que perdieron las finales contra los Pistons a pesar de contar en el quinteto con O'Neal, Bryant y además Karl Malone y Gary Payton-, Phil Jackson decidió tomarse otro año sabático, Shaq dejó la plantilla y Kobe se quedó al frente de un equipo en el que los secundarios no terminaban de funcionar. Las siguientes temporadas los Lakers (a pesar del retorno de Jackson) estuvieron siempre por debajo de Mavericks y Spurs, cayendo en primera ronda en 2006 y 2007. Por ello, en la temporada 2007-08 estaba claro que se necesitaba un plus, un escudero que pudiera asumir la responsabilidad cuando Bryant no estuviera a la altura. Y el elegido sería un pívot de Sant Boi de Llobregat.

El fichaje de Pau Gasol por los Lakers será siempre recordado como una de las operaciones más rentables de la historia de la NBA. Los Angeles consiguió a un jugador que cambió el rumbo de su franquicia a cambio de apenas nada. Sus únicas pérdidas fueron Javaris Crittenton, Kwame Brown, los derechos de Marc Gasol (entonces en Girona) y dos primeras rondas del Draft en 2008 y 2010. Los Memphis Grizzlies eran conscientes de que Gasol quería abandonar el equipo, y por eso su GM Chris Wallace aceptó un traspaso que ofrecía a los Lakers la posibilidad de volver a pelear por lo máximo. Y así fue. Desde la llegada de Pau, las victorias fueron una constante en Los Angeles, que acabó la temporada regular con 57 victorias y se deshizo de Denver Nuggets (4-0), Utah Jazz (4-2) y San Antonio Spurs (4-1) antes de medirse a los Celtics.
Por vez primera desde 1987, los dos equipos bandera de la NBA se veían las caras en la final más esperada de los últimos tiempos. Celtics y Lakers habían dominado sus respectivas conferencias, y se esperaba una serie igualada y de pronóstico incierto. La eliminatoria daría comienzo en Boston, ya que los Celtics habían sido mejores en temporada regular. Boston se llevaría ese partido por 98-88, después de que Paul Pierce se marchara al vestuario en silla de ruedas después de lesionarse la rodilla. Su "milagrosa" recuperación (luego se supo que había habido un poco de teatro) espoleó a sus compañeros, que sellaron la victoria en los minutos finales con un espectacular Garnett (24 puntos y 13 rebotes). El segundo encuentro tuvo de nuevo dominio local (108-102), con un gran Leon Powe (21 puntos en 15 minutos) y un imperial Pierce (28 puntos y 8 asistencias). Eso sí, después de ganar por hasta 24 puntos, los Celtics estuvieron a punto de perder, ya que los Lakers se acercaron a dos puntos a falta de medio minuto, e incluso pudieron ponerse por delante si Pierce no hubiera taponado un tiro de Sasha Vujacic.

La serie viajaba a Los Angeles con un claro 2-0 para los Celtics. En un tercer partido dominado por las defensas, los Lakers se impusieron por 87-81 con Kobe Bryant como mejor jugador con 36 puntos y 7 rebotes. El momento clave de la eliminatoria llegaría en el cuarto encuentro, en el que los Lakers dominaron claramente la primera media hora hasta ponerse con una ventaja de 24 puntos. Pero entonces surgió el Orgullo Verde, y los Celtics fueron capaces de remontar hasta poner el 91-97 definitivo, en la que era la mayor remontada de la historia de las Finales desde 1971. Tirando de casta, los Lakers se llevaron el quinto encuentro por 103-98, pero de nuevo resistiendo los intentos de remontada de unos Celtics que nunca se daban por vencidos.



Así pues, la serie marchaba 3-2 para Boston a falta de disputar dos partidos en el TD Banknorth Garden. Pero sólo hizo falta el primero de ellos, ya que los Celtics masacraron a unos Lakers que tiraron la toalla prácticamente antes de empezar. El resultado final (131-92) supone la mayor diferencia de puntos en un partido por el título. Paul Pierce fue coronado MVP de las Finales (22 puntos y 6 asistencias de media) y los Celtics se alzaban con su 17º Anillo, un título que no conseguían desde 1986. A su vez, Boston seguía con su dominio en las Finales contra los Lakers, que ya reflejaba un 9-2 a favor de los Celtics. Pero lo más importante era que la rivalidad más histórica del deporte americano había regresado, y por lo que hemos visto después, lo había hecho para quedarse.




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Celtics-Lakers: una rivalidad histórica (II)

6/01/2010 02:04:00 p. m.


En los años 60, Celtics y Lakers habían llegado a enfrentarse hasta en siete ocasiones en la lucha por el título, y siempre con la victoria cayendo del lado de Boston. Sin embargo, habría que esperar quince años para volver a ver este duelo mítico en las series finales, con distintos protagonistas pero los mismos ingredientes que forjaron una rivalidad que ya se había convertido en legendaria.

La década de 1970 no fue especialmente buena ni para unos ni para otros. Después de su dominio absoluto en los 60, los Celtics sólo pudieron hacerse con los títulos de 1974 y 1976, mientras que los Lakers volvieron a perder otras dos finales (1970 y 1973), esta vez ante los New York Knicks. El único punto brillante de la década angelina fue la temporada 1971-72, en la que los Lakers batieron el record de victorias consecutivas (33) y se alzaron con un Anillo que habían estado persiguiendo desde que cambiaran la fría Minneapolis por el sol de Los Angeles. Pero si por algo se recuerda ese decenio es por ser el del despunte de la American Basketball Association (ABA), una liga espectacular y colorida que restó protagonismo a la hasta entonces todopoderosa NBA. El auge de la ABA, sumado a la falta de superestrellas como las de antaño en la NBA (ya no había un Chamberlain, ni un Russell, ni un West, ni un Robertson) hizo que la liga perdiera algo de interés entre el público aficionado al baloncesto.


-Dos enemigos íntimos

Después de que los 70 se caracterizaran por la ausencia de un equipo o equipos dominadores (en esa década ganaron el Anillo New York, Milwaukee, Los Angeles, Boston, Golden State, Portland, Washington y Seattle), el binomio de poder Celtics-Lakers se retomó en los años siguientes. Y lo hizo al calor de dos jugadores cuya rivalidad personal, y también sus caracteres completamente opuestos, volvió a ser el reflejo de la rivalidad histórica entre sus equipos. Magic Johnson y Larry Bird llegaron a la NBA en 1979, después de enfrentarse por el título de la NCAA, un duelo que se llevaron los Spartans de Michigan State de Magic. Desde ese momento, ambos jugadores protagonizaron enfrentamientos espectaculares para dirimir quién era el mejor jugador de su época, y desde luego que resulta casi imposible asegurar si uno era mejor que el otro. De nuevo, sus marcadas personalidades polarizaban en direcciones opuestas las personalidades de sus equipos, un ingrediente que alimentaba aún más su rivalidad. Magic era el jugador de la eterna sonrisa, del juego espectacular, la velocidad, el showtime, el jugar a baloncesto como quien disputa un partido de exhibición. Por el contrario, Bird era un tipo serio, desgarbado, con unas condiciones físicas limitadas pero con un conocimiento del juego, una capacidad de liderazgo y sobretodo una calidad fuera de toda calificación. Magic, con su carisma y su magnetismo, comandaba a un equipo con el glamour de California, mientras que Larry capitaneaba a unos tipos duros con cara de pocos amigos.

Antes de que ambos equipos se enfrentaran en las Finales, ya habían conocido la gloria por separado. Los Lakers habían ganado el Anillo de 1980 -con un partido final mítico en el que Magic lo bordó jugando de pívot- y también el de 1982, en ambas ocasiones con los Sixers de Julius Erving como rival (se midieron también en la Final de 1983, esta vez con triunfo de Philadelphia). Por su parte, los Celtics habían sido campeones en 1981, superando con claridad a unos inexpertos Houston Rockets. No sería hasta 1984 cuando Boston y Los Angeles se enfrentaran directamente en la lucha por el Anillo, en la primera temporada en la que había que superar cuatro rondas para hacerse con el título.

Aquella final levantó muchísima expectación. Era la primera vez que Bird y Magic se medían en unas finales, y estaba en juego la supremacía de unos u otros en la NBA. Junto a las grandes superestrellas había un selecto elenco de jugadores legendarios en ambas franquicias, todos ellos importantes de una u otra forma en las finales posteriores. En Boston, a Larry Bird lo acompañaban en el quinteto inicial Gerald Henderson y Dennis Johnson en el backcourt, Cedric Maxwell como power forward y el gran Robert Parish intimidando en el puesto de pívot, con Kevin McHale (Mejor Sexto Hombre esa temporada) saliendo desde el banquillo para aportar en ambos lados de la pista. En los Lakers, Magic era el base de un equipo que contaba además con Norm Nixon y Jamaal Wilkes en las alas, con Kurt Rambis y Bob McAdoo en la pintura y un joven James Worthy aportando su energía como suplente. Y, por supuesto, una leyenda viva como Kareem Abdul-Jabbar, que a sus 35 años seguía siendo el máximo anotador del equipo.

En aquella temporada 1983-84, los Celtics (con Larry Bird en el primero en sus tres MVP's consecutivos) fueron el mejor equipo de la temporada regular (62-20), deshaciéndose con claridad de Washington Bullets, New York Knicks y Milwaukee Bucks para llegar a la gran final. Los Lakers, por su parte, lideraron el Oeste (54-28) y eliminaron a Kansas City Kings, Dallas Mavericks y Phoenix Suns. Por fin, tres lustros después de aquella mítica e inesperada victoria de los Celtics en el Forum de L.A. en 1969, Boston y Los Angeles se veían en la gran final de la NBA. Los Lakers se llevaron el primer partido a domicilio, y probablemente la historia habría sido diferente de no ser por una jugada clave al final del segundo encuentro. Con los visitantes por delante 113-115, Gerald Henderson interceptó un pase de Worthy para conseguir una bandeja fácil que llevaba el partido a la prórroga. En el tiempo extra se impusieron los Celtics e igualaron una serie que habría estado casi sentenciada con un 0-2. Otra victoria in extremis de Boston -con una canasta en el último segundo de Dennis Johnson-, también en la prórroga, ponía el 2-2 en la eliminatoria. Al final, los Celtics se llevaron el triunfo en el séptimo encuentro, ante la locura de unos aficionados que invadieron el Boston Garden antes incluso de que se consumiera el tiempo.

Por aquel entonces, el dominio verde en las finales contra los Lakers era aplastante: ocho victorias en ocho enfrentamientos. En algún momento la racha se tendría que cortar, y eso ocurrió al año siguiente. En 1985, por primera vez los Lakers ganaban el Anillo ante los Boston Celtics, de la mano de un superveterano que seguía haciendo historia en la NBA. Tanto Lakers como Celtics se tomaron en serio la temporada regular, acabando con 62 victorias los angelinos y con 63 triunfos los de Boston, con Larry Bird siendo otra vez MVP. Por el camino de los Playoffs quedaron Phoenix, Portland y Denver en el Oeste y Cleveland, Detroit y Philadelphia en el Este. Parecía que la temporada regular sólo era un preludio para que ambas potencias volvieran a enfrentarse cara a cara en la final de finales.

La serie final empezó de manera inmejorable para Boston. Los Celtics se impusieron en el partido inaugural por 148-114, la mayor paliza de la historia de las Finales, un encuentro que ha pasado a la leyenda como el Memorial Day Massacre. Todo hacía prever otro triunfo verde, pero los Lakers supieron sobreponerse de una manera encomiable. Los Angeles ganó el segundo partido en Boston, y se llevó dos de los tres siguientes en el Forum (recordemos que el formato de las Finales era 2-3-2). Para cuando la serie volvió a Boston, los californianos estaban concienciados de no dejar escapar el Anillo como habían hecho la temporada anterior, y se impusieron por 100-111 gracias a un espectacular Kareem Abdul-Jabbar, MVP de las Finales con 37 años y unos promedios de 26 puntos, 9 rebotes y 5 asistencias. Lo que el año anterior había sido invasión de campo, esta vez era un silencio sepulcral. Muchos, muchos años después, y tras muchos fracasos, los Lakers levantaban el título de la NBA en el Boston Garden, enterrando para siempre su leyenda de campo maldito.

La última vez que se vieron las caras ambos equipos en las Finales en los años 80 fue en 1987. En el año anterior, unos sorprendentes Houston Rockets comandados por sus Twin Towers (Ralph Sampson y Hakeem Olajuwon) habían apeado a los Lakers de la gran final, circunstancia que aprovecharon los Celtics para conseguir su 16º Anillo ante los tejanos. Pero todo volvió a la normalidad en la temporada 1986-87, en la que los Lakers fueron el mejor equipo de la temporada regular (65-17) y arrasaron en Playoffs a Denver, Golden State y Seattle. Boston, con problemas de lesiones, se "quedó" en 59 victorias y tuvo que sudar tinta china para eliminar a Chicago (en la serie en la que "Dios se disfrazó de jugador de baloncesto", en palabras de Larry Bird sobre Michael Jordan), Milwaukee y Detroit. Los californianos aprovecharon su superioridad física y el hecho de llegar más descansados a la cita para imponerse en los dos primeros partidos de la Final y encarrilar la serie. Boston ganó el tercer partido, y a punto estuvo de llevarse el cuarto encuentro que habría igualado la eliminatoria. Pero entonces apareció Magic Johnson.

En los últimos segundos del encuentro, los Lakers perdían por dos puntos (106-104) cuando Jabbar recibió una falta personal. Anotó el primer tiro libre pero falló el segundo, aunque en la lucha por el rebote el balón salió por la banda y favoreció a los Lakers. Magic recibió el pase y encaró a tres jugadores de los Celtics, remontando la zona y lanzando un gancho que puso el 106-107 definitivo. Larry Bird declararía poco después: "Puedes esperar perder por un sky hook. Pero no esperas que sea de Magic". Magic imitó la jugada más imparable de todos los tiempos, el sky hook de Kareem Abdul-Jabar, y quedó para siempre rebautizada como el junior junior junior sky hook. Esa canasta ponía el 3-1 y la puntilla a una serie que los Lakers se llevaron por 4-2.


Así pues, el balance de finales Celtics-Lakers en los 80 se saldó con un 2-1 a favor de los angelinos, que se llevarían el global de títulos de la década por 5-3 frente a los Celtics. Después de 1987, los Lakers aún ganaron un Anillo más -en 1988-, pero las retiradas progresivas de Jabbar y Magic dejaron paso a una época más oscura. Lo mismo que sucedió en Boston, que perdió la supremacía de una Conferencia Este que dominarían primero los Bad Boys de Detroit y luego los Bulls de Michael Jordan. La sequía de los Lakers duraría hasta principios del siglo XXI y la llegada de Phil Jackson, mientras que la travesía por el desierto de los Celtics aún se prolongó un poco más. No sería hasta 2008 cuando los dos grandes de la NBA volvieran a medirse en la lucha por el Anillo. Pero esa es otra historia...




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Celtics-Lakers: una rivalidad histórica (I)

5/31/2010 07:56:00 p. m.

Dentro de apenas tres días, Los Angeles Lakers y Boston Celtics abrirán la que es probablemente la serie más atractiva de toda la NBA y podríamos decir que de todo el deporte profesional americano. Una final entre estos dos equipos es el colofón soñado por todo el mundo (aficionados, televisiones, comisionado) para poner el broche de oro a una temporada apasionante. Y no sólo a nivel deportivo, puesto que el enfrentamiento entre Lakers y Celtics trasciende lo meramente baloncestístico para extenderse a muchos otros niveles. Representa dos formas de entender el deporte y la vida. El estilo desenfadado y liberal, el "sello Hollywood" que representan la ciudad de Los Angeles y el equipo de los Lakers, frente a la mentalidad pragmática, tradicional y protestante de Boston. El sol de California contra el frío de Massachusetts. La jet set contra la working class. Lakers contra Celtics; dos antagonistas condenados a prolongar una rivalidad que representa la esencia misma del baloncesto y de la NBA.

La final que nos espera en breve es la más repetida de toda la historia. Será la 12ª ocasión en la que ambos equipos se enfrenten en la lucha directa por el Anillo de campeón. Por eso, este blog se dedicará desde hoy hasta el próximo jueves (día en el que se produzca el pistoletazo inicial de la serie en el Staples Center) a repasar una por una todas las finales que han tenido a Boston y Los Angeles como protagonistas. Un viaje que pretende refrescar la memoria a algunos y poner en antecedentes a otros, a todos aquellos que desconocen lo profundo de la rivalidad entre los dos mejores equipos de la historia.


-Nace el duelo de duelos

Para explicar el origen de la rivalidad entre Celtics y Lakers, lógicamente hay que remontarse mucho en el tiempo. Ambas son dos de las franquicias más veteranas de la NBA. Los Celtics están desde la primera temporada, la 1946-47, en la que se fusionan la BAA y la NBL para dar origen a la NBA. Los Lakers sólo tardarían dos temporadas más en aparecer, ya que debutaron en el curso 1948-49, entonces establecidos en Minneapolis. Sin embargo, sus destinos en las Finales no se cruzarían hasta 1959, año en el que se vieron por primera vez las caras en la lucha por el título.

En aquel entonces, los Celtics ya estaban en la élite de la NBA. El equipo dirigido por Red Auerbach ya había ganado el Anillo de 1957 y llegado a la Final en 1958, donde fueron derrotados por los St. Louis Hawks de Bob Pettit. Aquel equipo ya disponía de los mimbres que les convirtieron en legendarios, quizá en el mejor equipo de toda la historia del baloncesto. Bob Cousy dirigía al equipo y ponía la imaginación, Sam Jones y Bill Sharman ejecutaban desde las alas y Tom Heinsohn aportaba calidad en la pintura. Y, por supuesto, la piedra angular de aquellos celtics se llamaba Bill Russell, el center más dominante de todos los tiempos. Tal vez no destacara en ataque como Wilt Chamberlain, su gran némesis en los años siguientes, pero no ha habido otro pívot en la historia tan determinante en el apartado defensivo, la gran arma de esos Celtics que aprovechaban la intimidación de Russell, un rápido contragolpe y la completa solidaridad entre sus jugadores para masacrar a sus rivales.

Por su parte, los Lakers -aún en Minneapolis- no estaban todavía entre los mejores equipos de la liga. Lejos quedaban ya los días de los cinco títulos de la mano del legendario George Mikan, tanto es así que en la temporada anterior el equipo no pasó de las 19 victorias. Pero todo cambió gracias al impacto de un novato que revolucionó la franquicia. Elgin Baylor debutó en la NBA con unos promedios de 25 puntos y 15 rebotes, y llevó al equipo a ganar 33 partidos y volver a los Playoffs. Aún así, los Lakers (que eliminaron a  los Detroit Pistons en semifinales) no eran favoritos contra los St. Louis Hawks, equipo que había disputado la final en los dos años anteriores. A pesar de todo, Minneapolis remontó un 2-1 para ganar tres partidos seguidos y plantarse en la última ronda. Ahí esperaban los Celtics, que habían sufrido de lo lindo para derrotar en siete partidos a los Syracuse Nationals. Y la verdad es que no hubo demasiada historia en la Final. Los Lakers pagaron la novatada ante unos Celtics muy superiores, que les inflingieron el primer sweep de la historia de las finales (4-0). Era el inicio de una serie de ocho Anillos consecutivos para los verdes.

Estamos ahora en 1962. Los Celtics estaban inmersos en plena "época dinástica", con tres Anillos seguidos y cuatro en los últimos cinco años. Habian ganado 60 partidos en regular season y alcanzaron la final después de una agónica serie (4-3) contra los Philadelphia Warriors de Wilt Chamberlain -en la temporada de sus 50.4 puntos por partido-, que se decidió con una canasta de Sam Jones a falta de dos segundos para el final de la prórroga del séptimo partido. En cuanto a los Lakers (ya en Los Angeles), Elgin Baylor ya no estaba solo, sino que le acompañaba otra leyenda Laker como Jerry West, que disputaba entonces su segunda temporada en la NBA. El equipo de Baylor y West ganó 54 partidos en temporada regular y se plantó en la Final después de ganar por 4-2 a los Detroit Pistons. A diferencia del sweep de 1959, esta vez la serie se decidió en el séptimo partido, forzado por los Celtics después de ir perdiendo 2-1 y 3-2. En uno de los finales más apretados de la historia, los Orgullosos Verdes ganaron en la prórroga por 110-107. El tiempo extra llegó después de que Frank Selvy fallara completamente solo un lanzamiento que podría haber dado el Anillo a los Lakers. Selvy declararía después que habría cambiado todos los puntos que consiguió en su carrera por aquella canasta maldita.

No habría que esperar mucho tiempo para volver a ver una final entre Celtics y Lakers. Al año siguiente, en 1963, ambos equipos volvieron a verse las caras en la eliminatoria definitiva. Y los dos tuvieron que sudar la camiseta para conseguirlo. Boston (con la presencia de un novato John Havlicek) necesitó siete partidos para derrotar a los Cincinnati Royals de Oscar Robertson, y los Lakers también se fueron al séptimo encuentro para deshacerse de los St. Louis Hawks. En las Finales, los Celtics empezaron fuerte y se pusieron 2-0, de la mano de un Bob Cousy que había anunciado su retirada al final de la temporada. Al final Boston se llevó la serie por 4-2, siendo la primera vez que se coronaba campeón en la cancha de su eterno rival. Red Auerbach se encendía su famoso puro por quinta vez consecutiva.

La siguiente cita entre Celtics y Lakers en las Finales sería en 1965. El año anterior los angelinos cayeron en semifinales de conferencia ante los Hawks, pero esta vez volvieron a ganar la Conferencia Oeste tras derrotar a los Baltimore Bullets por 4-2. En Boston, la vida seguía igual a pesar del triste fallecimiento de su fundador Walter Brown. Los Celtics ganaron 62 partidos en temporada regular y disputaron contra los Philadelphia 76ers (que habían adquirido a Chamberlain en febrero) una de las mejores series de todos los tiempos. Ambos equipos ganaron sus partidos de casa, y la elimatoria se decidió al final del séptimo partido con el famoso Havlicek steals the ball!!!, un robo de John Havlicek que permitió a los Celtics pasar a la gran final. En la última serie, Boston se aprovechó de la lesión de Elgin Baylor para pasar por encima de los Lakers, a los que derrotaron por 4-1. La fama de "malditos" empezaba a cebarse con los angelinos.

Una fama que se postergaría en los años siguientes. Y eso que en 1966 los Celtics empezaban a dar síntomas de debilidad. Por primera vez en muchos años, Boston no fue el mejor equipo del Este en regular season, siendo superados por los Sixers. Por eso tuvieron que disputar una ronda previa ante los Cincinnati Royals que necesitó de cinco partidos (3-2) antes de enfrentarse a Philadelphia en la final de conferencia. Los Sixers se confiaron en exceso ante los perros viejos de Boston, que se llevaron fácilmente la serie por 4-1 y se plantaron en su décima final consecutiva. En los Lakers, Jerry West ya era la estrella indiscutible, y capitaneó al equipo al mejor record del Oeste y a otra final después de apear por 4-3 a los St. Louis Hawks. En esa final, Los Angeles consiguió lo que parecía casi imposible, y se llevó el primer partido de la final ganando en Boston tras una prórroga. Sin embargo, Red Auerbach dio un golpe de efecto anunciando que se iba a retirar de los banquillos cuando acabara la temporada y que su sustituto no iba a ser otro que Bill Russell, que se convertiría en el primer entrenador negro de la historia de las grandes ligas americanas. La noticia espoleó a los Celtics, que ganaron los siguientes tres encuentros y se llevaron la final por 4-3. Auerbach cumplía así su deseo y ganaba su octavo Anillo seguido y el noveno en diez temporadas. Algo que todavía está por superar.

Con Auerbach retirado, la racha de títulos seguidos de los Celtics se acabó en 1967, cuando los Sixers les apearon de la final y Chamberlain consiguió su preciado Anillo contra su ex equipo, los San Francisco Warriors. Ese año tampoco había sido bueno para los Lakers, que no superaron la primera ronda de Playoffs. Sin embargo, ambos equipos volverían a verse las caras en la gran final de 1968. Los Celtics, con la importante incorporación del alero Bailey Howell, se vengaron de los Sixers y les eliminaron en el séptimo partido de la final del Este. Por su parte, los Lakers llegaron a la Final tras eliminar a Chicago Bulls y San Francisco perdiendo un solo partido. Sin embargo, su maldición contra los Celtics se mantuvo, y volvieron a perder por 4-2. Boston, con Russell como entrenador-jugador, volvía a conquistar el Anillo un año después.



El último capítulo de la impresionante rivalidad entre Celtics y Lakers de la década de 1960 se produjo en 1969, y no pudo ser de forma más brillante para Boston. Los Celtics eran un equipo muy veterano, con sus principales piezas superando con creces la treintena. Su dominio en la temporada regular había tocado a su fin, quedando cuartos en la Conferencia Este por detrás de Baltimore, Philadelphia y New York. Todo lo contrario que los Lakers, que a su estelar pareja Baylor-West habían añadido la presencia de nada menos que Wilt Chamberlain, por aquel entonces máximo anotador de toda la historia. Los Angeles no tuvo problemas para llegar a la última ronda, deshaciéndose con facilidad de San Francisco y Atlanta. Boston, por su parte, tuvo que sufrir algo más para eliminar a Philadelphia y New York. Ambos equipos volvían a cruzarse en la pelea por el Anillo, y esta vez los Lakers estaban convencidos de que era su gran oportunidad.

El séptimo y último partido de aquella final de 1969 es uno de los más recordados de la historia. Los Lakers tenían la ventaja de campo a su favor, y nadie dudaba que el equipo de Baylor, West y Chamberlain derrotaría a unos Celtics envejecidos y exhaustos. Se prepararon miles de globos amarillos que debían caer del techo del Forum cuando se consumara la victoria de los Lakers. Sin embargo, los Celtics fueron más Orgullosos Verdes que nunca, y espoleados por el gesto de prepotencia de su rival se llevaron un partido agónico por 106 a 108. Los globos nunca llegaron a caer, y Bill Russell se retiraría de la NBA con once Anillos en su poder. Acababa así una impresionante rivalidad entre Celtics y Lakers en esta década. Siete veces se habían cruzado en el camino hacia la gloria, y siete veces había salido Boston victorioso. Habría que esperar casi dos décadas para volver a ver otro capítulo del duelo con más solera de la historia del baloncesto.




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Kobe y Pau brillan. Lamar Odom reaparece

5/18/2010 11:34:00 a. m.
(Foto: Jeff Gross/NBAE/Getty Images)


LOS ANGELES LAKERS 128 - 107 PHOENIX SUNS


Los Lakers se dedicaron a despejar todas las dudas que se cernían sobre ellos antes de empezar esta serie de la final de la Conferencia Oeste. Unas dudas que iban sobre todo dirigidas hacia el estado físico de Kobe Bryant, con molestias en la rodilla durante todos los Playoffs y que ha estado prácticamente sin entrenar durante la pasada semana. Sin embargo, apenas hizo falta un cuarto para que los angelinos demostraran que están como un tiro y pusieran tierra de por medio en un marcador que nunca llegó a peligrar.

Y eso que los Suns empezaron bien, llegando a tener una ventaja de siete puntos mediado el primer periodo. Pero en ese momento aparecieron las estrellas locales para dar la vuelta al resultado y terminar el cuarto inicial con una ventaja de 9 puntos (35-26). Mención especial para Kobe, que terminó el partido con 40 puntos en sólo 35 minutos. Para los que duden del estado de la estrella de Los Angeles, un dato: nunca en su carrera había conseguido superar los 30 puntos en seis encuentros consecutivos de Playoffs, como ha hecho este año. Y, por supuesto, mención especial también para Lamar Odom, que hizo anoche el mejor partido de esta postemporada. Aprovechando los pocos minutos de Andrew Bynum (renqueante de su menisco), Odom jugó agresivo e intenso, acabando con 19 puntos y 19 rebotes, récord personal. Su afán reboteador (7 rebotes ofensivos) lideró la ventaja local en los tableros (42-34), una de las estadísticas que decantó el choque para los Lakers.

Phoenix, a pesar de todo, no le perdió la cara al encuentro en el segundo y tercer cuarto. Y eso que falló donde suele acertar, es decir en el lanzamiento exterior. Los Suns firmaron una pobre serie de 5 de 22 en triples, y también fueron inferiores en cuanto a aportación de sus suplentes (44-35). Amar'e Stoudemire fue el máximo anotador del equipo con 23 puntos (sólo 3 rebotes), mientras que Steve Nash firmó un doble-doble con 13 puntos y 13 asistencias. El partido empezó a decidirse al final del tercer cuarto (21 puntos de Kobe en ese periodo), donde una racha angelina puso la distancia necesaria para que el marcador ya fuera imposible de remontar. El parcial de la segunda mitad fue de 66-52 para los Lakers, en la que brilló especialmente Pau Gasol. El catalán apenas tuvo incidencia en el rebote (de ello se encargó Odom), pero fue capaz de repartir 5 asistencias y anotar 21 puntos con una efectividad pasmosa (10 de 13 en tiros).

De nuevo la estadística se pone del lado amarillo, ya que Phil Jackson sólo ha perdido en su carrera una serie en la que había ganado el primer encuentro. Es de esperar que Phoenix corrija errores y mejore en los siguientes partidos, pero desde luego si los Lakers mantienen el nivel exhibido anoche, será muy dificil que no estén en la gran final de la NBA por tercera temporada consecutiva.
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El arte del sweep

5/11/2010 08:42:00 a. m.
(Foto: Jed Jacobsohn/Getty Images)


Antes de que pudieramos darnos cuenta, las semifinales de Conferencia están a punto de llegar a su fin. Y mucho antes de lo que podríamos esperar. Si el domingo por la noche eran los Phoenix Suns quienes llegaban a la final del Oeste después de superar a los San Antonio Spurs por 4-0, esta pasada madrugada tanto Orlando Magic como Los Angeles Lakers han superado también sus eliminatorias por la vía rápida y velan armas ya para la penúltima ronda de estos Playoffs 2010.

No recuerdo (aunque hablo sólo de memoria) ninguna otra ocasión en la que tres de las cuatro series de semifinales de conferencia hayan acabado con un sweep. Quedando los ocho mejores equipos de la competición, se supone un poco más de igualdad, y no la superioridad manifiesta que ha quedado demostrada por parte de Suns, Magic y Lakers. Los primeros se cobraron una deseada venganza al dejar en la cuneta a su verdugo de los últimos años, a base de mejorar en defensa y en acierto ofensivo y en superar físicamente a un rival demasiado cansado.

Por su parte, Orlando y Lakers buscaban anoche finiquitar sus series por la vía rápida, y vaya si lo consiguieron. Lo de los Magic en estos Playoffs está siendo sencillamente espectacular. Llevan ahora mismo 14 victorias seguidas, y un record de 31-5 desde el parón del All-Star. Han resuelto sus dos eliminatorias contra Charlotte y Atlanta por 4-0, y dando la impresión de no haberse empleado todavía al cien por cien. En la serie contra los Hawks, han ganado sus partidos por una media de 25 puntos, y los de Georgia no han tenido respuesta en ningún momento, a excepción de algunos momentos del segundo encuentro en el que llegaron a tutear a los de Stan Van Gundy. En el cuarto partido disputado anoche, se cumplió el guión de los choques anteriores. Gran arranque de Orlando, ventaja de dobles dígitos inicial y a jugar con comodidad. La intimidante presencia de Dwight Howard en la pintura (23 puntos y 15 rebotes en la serie) permitió que los Magic lanzaran con facilidad desde el exterior, conectado 16 triples frente a los 3 de los locales. Vince Carter fue el máximo anotador con 22 puntos. En cuanto a los Hawks, repiten la misma situación de la temporada pasada, es decir, 4-3 en primera ronda (entonces contra Miami, ahora contra Milwaukee) y barrido en la segunda. El año pasado ni vieron pasar a Cleveland y este año tampoco han sido rival para Orlando. Con Mike Woodson prácticamente fuera del equipo, veremos qué ocurre con un Joe Johnson que no estado a buen nivel (menos de 13 puntos de media en las semis) y que ha sido abucheado por la afición de Atlanta.

Y pocas horas después, los Lakers no han querido ser menos y también se han sumado a la "fiesta del barrido", ganando el segundo partido seguido en el EnergySolutions Arena de Salt Lake City y dejando en la cuneta a los Jazz como ya hicieran el año pasado. Los angelinos lo han tenido algo más complicado que Orlando, pero también dan la sensación de tener una marcha más de la que han demostrado. En el encuentro de anoche, Pau Gasol (33 puntos y 14 rebotes) y Kobe Bryant (32 tantos) anotaron más de la mitad de los puntos del equipo, y el supporting cast ni siquiera tuvo que sumarse a la fiesta como sí hizo en el tercer partido. En Utah, Deron Williams y Paul Millsap han estado a un nivel aceptable, pero no así un Carlos Boozer demasiado arrugado y que podría tener las horas contadas en la franquicia mormona. Los Lakers se medirán a Phoenix en una apasionante final de la Conferencia Oeste que dará comienzo el próximo lunes. Hasta entonces, para disfrutar de baloncesto habrá que centrarse en la serie entre Celtics y Cavaliers, que por fortuna -visto lo visto- se mantiene igualada (2-2, el quinto encuentro en Cleveland esta noche) y nos tendrá ocupados durante los próximos días.



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