
No negaré que Laporta ha sido un gran presidente que ha sabido darle al club una dimensión deportiva hasta situarle entre los 3-4 clubs más respetados y prestigiosos del mundo. Tampoco le negaré la indepencia a Cataluña, Dios me libre, porque todas las opiniones son válidas aunque no todas respetables. La de la independencia de Cataluña, por si alguien lo quiere saber, también me parece respetable.
También apoyaré a Laporta en su cruzada contra el nacionalmadridismo y las formas que la prensa afín al régimen tiene para con el Barça. Laporta, en este sentido, es un buen presidente. Defiende al Barça con uñas y dientes, desde el amor a unos colores, desde el auténtico barcelonismo.
Pero le pierden ciertas actitudes.
Lo siento pero tengo que decirlo. Perdón, no lo siento.
Tengo que decirlo y punto. Porque es así.
A Laporta se le llevan los demonios con el tema político. Pierde el norte. Se radicaliza hasta límites poco razonables hasta dar una imagen suya, y del Barcelona (para algo es su más alto representante), de histerismo, de pérdida de formas y sobre todo de educación.
También diré que Laporta, si dice que no hace política aprovechándose de su posición (algunas dicen que es la más importante de Cataluña) miente como un bellaco. Lo hace. De eso no hay duda. Y ojo, tampoco le negaré la posibilidad de luchar por la independencia de Cataluña..., cuando no sea presidente del Barça.
Porque su discurso, sé que transformado, "elaborado para", y filtrado por el nacionalmadridismo que nos lo da presentado a su manera no deja de parecer, un alegato y apología de un Barça sólo para catalanes.
Sé, más bien imagino (ojalá sea así), que no es la intención de Laporta limitar el barcelonismo a los catalanes. Tampoco crear barcelonistas de primera y de segunda, pero creo que Laporta, en estas cuestiones, ha estado poco inteligente desde el principio de su mandato.
Sensibilidades hay muchas, igual que pasa con los niveles de inteligencia. Y la capacidad crítica de la gente, cuya dimensión va unida a la inteligencia, puede llevarle a pensar que ciertamente Laporta hace de su barcelonismo y gestión del club un modelo exluyente para todo aquel que no sea catalán. No es así, creo y repito, pero la inteligencia obliga, rodeados como estamos de cierta prensa, a tener más inteligencia, más saber estar y sobre todo a estar más hábil y con más reflejos para ciertas cuestiones.
Sé que Laporta no ha llamado imbécil a mi presidente Fernández Vara con ningún ánimo exclusionista, de eso estoy seguro.
Pero no estoy tan seguro de que el personal, tras recibir las informaciones de ciertos sitios, no lo vea así.