BIENHALLADOS
Acabo de aterrizar por aquí (gracias Damsam, por invitarme) y antes de que se me ocurra algo que contaros, quería daros la bien... Bueno, iba a decir bienvenida, pero no es el caso. Soy yo el que va a vosotros, así que bastará con decir que me alegro de estar aquí, en este banquillo visitante.
Vale, no, me he vuelto a equivocar (es que esto de escribir para tanta gente me pone nervioso). Yo no iré al banquillo visitante, ni al local. Lo mío será el banquillo del árbitro. Ah, que los árbitros no tienen banquillo. Mierda, esto no está funcionando. Espera, jefe, que intento empezar otra vez. Espero que esta sea la buena.
Pues aquí hablaré de los árbitros y del arbitraje, y hablaré bien. Lo digo para que los morbosos no pierdan mucho el tiempo con esta columna. Porque los árbitros siempre lo hacen bien. Y cuando no lo parece, es que les miramos con malos ojos. Bueno, y cuando les miramos con buenos ojos, con decir que ellos también son personas humanas, nos vale, ¿verdad?
Pocas polémicas se leerán aquí. A mí me da bastante igual si ha sido mano o no. O si el fuera de juego ha sido por milímetros o por un cuerpo. Analizaré las jugadas desde otro punto de vista. El del que tiene un silbato en la boca o un banderín en la mano. O un letrero luminoso en las manos, que no hay que menospreciar a nadie por llamarse Cuarto.
En España la pregunta típica es "¿Del Barça o del Madrid?". A partir de hoy, casi Navidad, en esta columna, la pregunta será ¿Fox 40 o Acme Thunderer? E
[Estaba hablando de silbatos. Ya veo que mi labor pedagógica va a ser dura en este Banquillo Visitante].
Hasta otra.
Acabo de aterrizar por aquí (gracias Damsam, por invitarme) y antes de que se me ocurra algo que contaros, quería daros la bien... Bueno, iba a decir bienvenida, pero no es el caso. Soy yo el que va a vosotros, así que bastará con decir que me alegro de estar aquí, en este banquillo visitante.
Vale, no, me he vuelto a equivocar (es que esto de escribir para tanta gente me pone nervioso). Yo no iré al banquillo visitante, ni al local. Lo mío será el banquillo del árbitro. Ah, que los árbitros no tienen banquillo. Mierda, esto no está funcionando. Espera, jefe, que intento empezar otra vez. Espero que esta sea la buena.
Pues aquí hablaré de los árbitros y del arbitraje, y hablaré bien. Lo digo para que los morbosos no pierdan mucho el tiempo con esta columna. Porque los árbitros siempre lo hacen bien. Y cuando no lo parece, es que les miramos con malos ojos. Bueno, y cuando les miramos con buenos ojos, con decir que ellos también son personas humanas, nos vale, ¿verdad?
Pocas polémicas se leerán aquí. A mí me da bastante igual si ha sido mano o no. O si el fuera de juego ha sido por milímetros o por un cuerpo. Analizaré las jugadas desde otro punto de vista. El del que tiene un silbato en la boca o un banderín en la mano. O un letrero luminoso en las manos, que no hay que menospreciar a nadie por llamarse Cuarto.
En España la pregunta típica es "¿Del Barça o del Madrid?". A partir de hoy, casi Navidad, en esta columna, la pregunta será ¿Fox 40 o Acme Thunderer? E
[Estaba hablando de silbatos. Ya veo que mi labor pedagógica va a ser dura en este Banquillo Visitante].
Hasta otra.