Hoy toca partido épico. O así debería ser. Si el Barça quiere seguir adelante en Copa, no queda más que demostrar galones y, con permiso del Sevilla, dejar claro que se sigue siendo el mejor. El problema es que, históricamente, no somos un equipo con pedigrí de esto tan bonito que se llama “remontada”. Que, por cierto, a pesar de lo que diga cierta prensa, habría que matizar, porque para un equipo de la calidad del culé, para cualquiera de los grandes (y así no se me ofende nadie), luchar por resolver un marcador contrario con la mínima diferencia es más solventar un resultado adverso que “remontar” un marcador de escándalo. Pero bueno, todo es cuestión de terminología y además estoy divagando…
En fin, decía que no hay tradición blaugrana de la remontada. En nuestra historia, o nos han ganado con claridad y no hubo nada que hacer, o hemos ganado con solvencia y no nos ha hecho falta. Apenas ha habido términos medios. Por ejemplo, al otro lado del puente aéreo saben mucho de remontadas, en la época aquella de los noventa minuti molti longui en el Bernabeu, que decía el malogrado Juanito. Ahí nacieron el espiritu de Juanito, las cofradías del clavo ardiendo y otros subterfugios sobrenaturales a los que acuden los madridistas cuando las cosas están perdidas. Y hay que reconocer que en alguna ocasión les ha funcionado. O algo así.
Pero en can Barça no hay almas en pena a las que acudir en sesiones de espiritismo buscando solaz y apoyo en momentos difíciles. La prensa afín, en un intento de animar el ambiente, ha buscado ejemplos de remontadas, y ha encontrado poco, aunque no cabe duda de que algunas fueron de órdago. En la Copa de Europa del 86 ante el Goteborg, o en la Champions del 2000 ante el Chelsea… aunque uno se quedaría en la de la Recopa del 79 ante el Anderletch, porque esta hizo posible la final de Basilea, con todo lo que supuso para empezar a cambiar el rumbo de la historia culé…
Con todo, uno opina que, aunque éstas y otras fueran remontadas con mayúsculas, no hay en ellas nada de “sobrenatural”, que llame a una corriente de optimismo basado en un gen culé capaz de sobreponerse a marcadores definitivamente adversos. Sencillamente, en esos partidos se impuso la mayor calidad del equipo. Si han leído un post de servidor sobre el tema, verán que no creo en la testiculina ni similares, y sí en la calidad.
Y miren por donde, ahí es donde podemos agarrarnos. A la calidad. Dejémonos de buscar espíritus pasados ni ejemplos edificantes en la historia, y pensemos en la calidad del equipo, que la tiene por arrobas (estoy suponiendo que Pep presentará hoy alineación de gala, o casi), y, sobre todo, en el gen ganador que Guardiola ha instaurado en la plantilla. Si el Barça juega hoy con los mejores, y sale al campo con humildad pero sin intención de tirar nada, por supuesto que es posible eliminar al Sevilla.
Y a mí se me da que Pep es consciente de la importancia de este partido. De que superar una eliminatoria adversa ante un rival del pedigrí del sevillista dejaría claro que no hay crisis ni leches. Y que se piensa volver a luchar por todo y que se puede conseguir.
O sea que, ladies and gentlemen, se puede remontar. No porque seamos un equipo dado a ello, no porque convoquemos a ánimas o cofradías varias… Nada de sesiones de espiritismo. Podemos, y estamos obligados a intentarlo, porque este sigue siendo a día de hoy, hasta que los resultados allá por junio den las notas finales, el mejor equipo del mundo. Y porque Mr Pep Guardiola ni sabe ni quiere renunciar a ningún título. Y esa actitud se contagia a los jugadores. Al final, si pasamos, será porque hemos sido mejores; y si no, porque el Sevilla nos ha superado en el conjunto de la eliminatoria.
Sin espíritus ni cofradías ni otras soplapolleces.
Adeu i bona sort.